Lamentablemente, suele ser poco frecuente el hablar muy bien de las personas que trabajan (muchas veces no hacen esto último) en los puertos deportivos.

Hace más de tres años que hago alguna escala en el Puerto Deportivo de Mazagón (Huelva), que como la mayoría de los lectores sabréis, está gestionado directamente por la Agencia Pública de Puertos de Andalucía. Como puerto, siempre me ha gustado, y me gusta mucho. Es cómodo y de fácil acceso. Es bonito y además está en un bello paraje. Hasta ahí todo correcto. Y en cuanto al personal de hace un par de años, como el de costumbre en la mayoría de los puertos, no voy a decir malos, sino que bastante flojitos. Poco eficientes, poco preparados, con pocas ganas y lo peor de todo, con mucho pasotismo.
El pasado día 13 de junio, a las 0330 horas pedimos permiso para el atraque y por el canal 9 de VHF el marinero de turno hizo lo que tenía que hacer: atendernos correctamente y facilitarnos las cosas. Como he dicho anteriormente, el puerto ya lo conocía, y aunque hacía un par de años que no pasaba por ahí, todavía me acordaba más o menos de las letras de los pantalanes, y por este motivo le sugerí yo al marinero el lugar donde prefería atracar el Urubamba. Él me dijo que perfecto, que atracase donde yo eligiera y me fuese más cómodo dentro de los pantalanes M y N.
Al día siguiente, al ir a la torre a hacer la consabida inscripción, se me ocurre comentar a la marinera de guardia (eran las 1430 y en la oficina se habían ido a comer) que las pasamos canutas para atracar pues ni se ven las letras de los pantalanes, ni se ven los pantalanes, ni “ná de ná”. Que de iluminación un cero. En ese mismo instante, un señor que andaba por la oficina pululando agarra un cuaderno y me dice que le cuente todo lo que había pasado. Luces, atraque, puertas,…, todo. Que por favor que le contara todo lo que yo creía que se podía mejorar en el puerto. Al final se presenta, me dice que es Javier Delgado, el Jefe de Puerto.
Quedé impresionado por el interés mostrado por él, y por la cortesía pidiendo disculpas por el inconveniente sufrido. Pero ahí no queda la cosa. Al día siguiente, fui a comprar el pan de rigor para la vuelta y luego pasé por la oficina a pagar la estadía. Los administrativos, todos, demostraron cortesía y buen hacer con sus preguntas y su trato, y fueron eficientes con su gestión. Tuvo el señor que hacerme la factura dos veces por negligencia mía, y sólo hubo amabilidad y atención en lugar de mirarme mal y darme la bronca. Al regresar al Urubamba me dice mi hermano Nacho que mientras me ausenté, había estado el Director y estuvo contándole qué pensaba hacer para mejorar la iluminación, que había estado dándole vueltas al tema, que si colores, que si luces indirectas, de la complicación que tiene, etc.
Como veis, oé, cuando topas con personas así da gusto. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a Javier Delgado y a todo el personal del puerto que nos atendió, animándoles a que persigan la EXCELENCIA como lo hacen hasta ahora para que al marino que por allí pase siempre lleve el Puerto de Mazagón en el recuerdo por ser muy bueno. Gracias.