ISAAC PERAL: HISTÓRIA DE UNA FRUSTRACIÓN

Escrito por Juan Carlos Arjona

He terminado de leer esta biografía de Isaac Peral y Caballero (Cartagena, 1851 – Berlín, 1895) escrita por Agustín Ramón Rodríguez González, (Madrid, 1955) (Grafite Ediciones SL) en su primera edición de octubre de 2007, quedando gratamente impresionado tanto por la biografía del personaje como por el buen y estructurado trabajo de Rodríguez González. De Peral sólo conocía que fue el inventor del submarino (lo estudiábamos así en la Enciclopedia de los años 60), que nació en Cartagena y que el casco de dicho submarino está en su ciudad natal (lo pude comprobar personalmente hace unos pocos años). No sabía nada más.

Creo que en los años de mi infancia, los 60, lo poquito que se conocía de él era como exaltación patriótica, junto con otras figuras españolas de aquel tiempo como por ejemplo, Santiago Ramón y Cajal o José de Echegaray, ambos premios Nobel de literatura y medicina respectivamente.

En la obra, el autor comienza haciendo un repaso de la situación política e histórica de aquel momento de la Restauración Borbónica para que nos demos cuenta de cómo estaba la España de entonces y qué repercusiones pensaba el inventor y parte de la opinión pública podía tener o haber tenido el “torpedero submarino” en cuanto a los conflictos con el exterior que acuciaban al país.

Continúa narrando la situación familiar en la que había nacido Peral, su formación en la Escuela Naval y sus primeros destinos allende los mares.

A partir de aquí nos introduce en los antecedentes de los ingenios submarinos y el los coetáneos a ellos, para pasar a toda la historia técnica, política y social y de las envidias, pecado capital de nuestra querida España. Por cierto, y cambiando de tema, ahora que parece estar de moda, el submarino de Peral fue el primer buque (que dio resultado) propulsado por motores eléctricos (1888).

Para finalizar, Rodríguez González nos hace una reflexión, la cual comparto una vez leído el libro, de el porqué la Armada Española y a su vez Cánovas del Castillo paralizó el arma submarina que unos pocos años más tarde causó furor en la Primera Guerra Mundial, y pudo haber hecho que las potencias extranjeras, sobre todo Estados Unidos, nos hubieran respetado más, sobre todo en el llamado Desastre del 98 (guerras de Cuba, Puerto Rico y Filipinas).

Os lo recomiendo.


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