La Cubierta
Cuando adquirí el Urubamba (antes Hesperian), quedamos fascinados con las calidades que presentaba, tanto interiormente como en el exterior. Pero realmente nadie, absolutamente nadie, tenía ni idea de nada sobre este magnífico cutter. Nadie conocía la marca GULFSTAR ni por ende el modelo. Llamamos a los antiguos propietarios para ver si había alguna posibilidad de que nos explicaran algo, pero fue imposible. Me contaron que los marineros que lo tripulaban estaban en paradero desconocido. Realmente, algo bastante raro.
Así pues, con ayuda de "Jocelito" y demás amigos, nos pusimos manos a la obra. Lo primero que hice fue investigar todo el material escrito que encontré a bordo y mi sorpresa fue mayúscula al encontrar tres cuadernos escritos a mano con, no voy a decir todo, pero casi todo lo que le habían hecho al barco en los últimos diez años. También, las faltitas que tenía, las cositas que había que tener para una y otra cosa, etc. etc. etc.. Estos cuadernos fueron hechos por el armador anterior a los que yo adquirí el barco, siendo entonces el nombre de éste Hesperia V. Asimismo, encontré todos los manuales de usuario de casi todas los aparatos que llevaba instalados, desde el microondas hasta el enrollador eléctrico Hood de la mayor. ¡Todo un lujazo!
No obstante, como estamos en la era del internet y Google, me puse a olfatear la red a ver que era lo que podía encontrar en ella. ¡Eureka! Aparecen dos enlaces que dicen ser asociaciones de usuarios de Gulfstar. Me meto de cabeza en una de ellas. GULFSTAR OWNERS CLUB , http://www.gulfstaroc.org , y me empiezo a enterar de qué va el rollo. Es un grupo que, desinteresadamente, te facilita todo lo que en sus manos está, desde planos a información de interés. Yo conseguí un paquete de planos, tamaño similar al DIN A0, de casi todo lo que podía interesar (fontanería, electricidad, electrónica, plano de formas, etc). Me cobraron el costo de las copias más los sellos de correos, es decir, unos 12 €. Esta gente edita bimensualmente un periódico informativo en el que los asociados cuentan sus experiencias en los yates, viajes, novedades y todo lo que les apetece. Además, una vez al año suelen reunirse con sus barcos (o no) en alguna ciudad de los Estados Unidos. En fin, un buen rollo. Por cierto, por ahí me enteré que las unidades fabricadas del modelo del Urubamba, el 60MKII, fueron 13.
Y vosotros estaréis pensando que cuando voy a contaros lo de la cubierta, ¿no es así?. Vale pues. En ese periodiquito de marras, mientras se le estaba colocando a la obra viva la resina epoxy, aparece un comentario de un usuario en el que cuenta que ha puesto en la cubierta de su Gulfstar 40 un sucedáneo de teca algo acojonante. Que lleva un año con él, creo que en el estado de Florida que pega el sol tela, y que ni se despega, ni se le va el color, ni resbala, ni necesita tratamiento de ninguna clase, que es igual a una teca recién puesta, y no sé qué más. Oé, digo yo. Si esto lo dice un norteamericano que está acostumbrado por regla general a productos de mucha calidad y, además, tiene la paciencia de escribirlo en un boletín, ¡coño!, habrá que enterarse. Decía que se llamaba Flexiteek. Pensé que era un producto "Made in USA", pero buscando en internet pude comprobar que el origen de este producto es noruego. Eso sí, hay tres fábricas, una en el Reino Unido, otra en Suecia y otra en USA, y en España hay al menos tres empresas que lo distribuyen ( http://www.flexiteek.no ).
Esa misma tarde me acerco a Barbate a ver a mi amigo Jocelito, y le comento el asunto. Debía ser diciembre o enero, no recuerdo bien, y estaba lloviendo un poco. Sorpredido me quedé cuando Jose me dice que lo conoce, que conoce a quién lo pone y, lo que me deja flipado es que me dice que si lo quiero ver colocado en un barco. Claro que sí, dije yo. Estaba instalado en una Rodman de 12 m propiedad de un armador alemán. Me embarco, y como estaba algo mojada la cubierta, compruebo la adherencia al calzado. ¡IMPRESIONANTE! El náutico parecía que lo había pegado con loctite. Me agacho, la toco, y le digo a Jocelito "me estás tomando el pelo", ¡esto es madera joder! Que no "joé", dice él, que es de plástico. No me lo podía creer.
"Poyaque", Jose, si no fuera muy caro, ¿podríamos ponerlo en el Urubamba? Claro que sí, me dice él. Vamos a pedir precio a ver que nos dicen. Primero lo hace por teléfono diciendo que es un velero de 18 m de eslora por 5 m de manga, y le dicen que puesta, unos 12.000 €. Adelante, dije yo. Vamos a ello. A los quince días aparece Feliciano, comienza a medir, y me suelta, "esto va a valer un poquito más de 12.000 €". Bueno, dije, mientras sea sólo un poquito, adelante. Haced las plantillas.
Él me dice que para hacer las plantillas, tiene que estar la cubierta totalmente libre de todo (cornamusas, candeleros, guiacabos, pastecas, cáncamos, los tornillitos que fijan la teca, ... todo, absolutamente todo. Y no sólo eso, sino que además tiene que estar la cubierta totalmente lisa, con los agujeros y defectos tapados y lijada al menos con un abrasivo del 80. AQUÍ VINO LA JODIENDA. Costó Dios y ayuda el dejar el tema como había dicho Feliciano. Hubo que desarmar totalmente el barco por dentro para poder quitar candeleros y todos los herrajes náuticos, que por cierto, lleva un montón, para que se pudieran poner a hacer las plantillas. No recuerdo bien, pero esa operación llevó al menos un trimestre. Al entrar en el barco, se me caía el alma a los piés. De hecho, prácticamente, no se podía ni entrar. El desorden y el caos por bandera. En esos momentos llegué a pensar que por qué no habría extraviado Correos el bolentín de Gulfstar Owner Club y así no me habría enterado de que existía esa maravilla.
Más o menos, por el mes de mayo aparecieron para hacer las plantillas y me explicaron de cómo se confeccionaba el invento. Parece ser que el producto viene en rollos de veintidós metros de largo por la anchura de la tabla elegida más un cordón de calafateado. La plantilla se dibuja en papel a escala 1:1 y ya en el taller, se cuadran las tiras y se sueldan (con aire caliente) de tal manera que al llegar a colocarlo en el barco, se adhiera como si se colocara una moqueta. Debe quedar como anillo al dedo. Después comprobé que no es necesario que la precisión sea la de un longines ya que admite infinidad de manipulaciones.

PEGANDO EL FLEXITEEK YA ENSAMBLADO
A todo esto, dos o tres días antes de irme de vacaciones a Vancouver (por cierto, lo recomiendo) me llama el amigo Feliciano para decirme que el material ya está listo y que en un par de días irían a colocarlo. Y que preparara 24.000 €. ¡¡¡QUEEEEEE!!! dije yo. No te lo crees ni "jarto vino", repuse. Joder, eso no es un poquito más de doce mil, ¡es el doble!
-Ya, ... pero ... , es que es un barco muy complicado, ... tiene mucho desperdicio,... , bla bla blá, bla bla blá.
-Macho, no quiero la cubierta. Por ese precio la pongo de teca.
Al final, además de colgar el teléfono con un cabreo sordo, le dije que hablase con Jocelito. Y a Jocelito le dije que, como muchísimo, pagaba 18.000 €. Y me fuí de vacaciones. A los cuatro días de estar en Canadá, me llamó Jocelito y me dijo que se había solucionado y que lo dejaba en los 18.

DETALLE DEL MONTAJE DEL FLEXITEEK

A eso de finales de julio, llegaron los montadores, por cierto, unos tipos increibles, que además de hacer su trabajo mejor de lo que yo esperaba, al ser uruguayos de nacimiento pero gallegos de sangre y DNI, hacen unas "parrilas uruguayas" para chuparte los dedos. El capitán del equipo, José Turnes, Ricardo y Osmar, me hicieron olvidar los malos ratos que pasé con la historia de la cubierta. Ahora bien, ha merecido la pena. Ha quedado de impresión. Y lo que más me mola son algunos comentarios de mis colegas: Chilo me dijo, "¿pero no decías que ibas a poner la cubierta de plástico? Al final la has puesto de madera", o mi amigo Julio Barroso, el carpintero desde hace más de veinte años, "esta madera de la cubierta no me parece teca, parece otra madera que no conozco".
Lo mismo que se tardó en desmontar la cubierta, o quizás más, se tardó en montarla (unido al armado interior). Ahora bien, mientras andábamos con la cubierta se me ocurre decirle a Jocelito, "Poyaque" estamos, ¿qué tal si le cambiamos la jarcia?
Ya os contaré.













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